sábado, 14 de mayo de 2011

Su estilo resistía cualquier paladar

Por Benjamín Bruzoni

Norberto “Beto” Menéndez apareció para River el 18 de julio de 1954 en la cancha de Boca a puro toque y gambeta, para enfrentar con desparpajo a los robustos defensores xeneizes como Juan Carlos Colman, Fransico Lombardo o Natalio Pescia.

Para Menéndez, que había llegado al club de Núñez desde los potreros de Barracas en 1951, significó el debut. Faltaban tres partidos para terminar la primera rueda y “Beto” había jugado igual cantidad de partidos en la reserva, a la que había subido directamente de la quinta división. El día de su primer partido en Primera, Walter Gómez amaneció enfermo y el técnico don “Pepe” Minella eligió a aquél joven de 17 años como titular.

En la temporada 1954, el habilidoso centrodelantero jugó cuatro partidos y convirtió dos goles. Además, desde sus comienzos formó una gran dupla con Enrique Omar Sívori, otro crack producto de las inferiores millonarias. 

En 1955, compartió la titularidad alternando con  Eliseo Prado y Gómez. Al no ser indiscutido disputó 13 partidos en los que convirtió cinco goles y consiguió su primer campeonato. No pudo afirmarse por completo en 1956, debido a la presencia de grandes figuras como Samtiago Vernazza, Félix Lousteau, Sívori y Ángel Labruna, además de los mencionados Prado y Gómez. Sin embargó acompañó y ese año jugó 13 encuentros, acumuló cinco conquistas para alzarse con otro torneo.

En 1957, tras la venta de Sívori a la Juventus, Menéndez tomó la batuta de una orquesta que entraría en su último año de magnífico funcionamiento y que alcanzaría el tricampeonato. A los 20 años ya mostraba en cancha lo que sería el signo distintivo de su juego: la simpleza, y una personalidad arrolladora para no dejarse amedrentar. Era locuaz, despierto, venenoso, y genial. Jugó en el club en el que debutó hasta 1960 y ganó tres títulos.

Con las grandes actuaciones en River llegó a la Selección argentina, participando de los mundiales de 1958 y 1962. Sin embargo, tras el fracaso en Suecia su carrera sufrió un quiebre. En 1960 pasó a Huracán en una sospechosa movida, que varios explican como una cortina de humo para tapar la verdadera intención de su salida del Millonario, irse a Boca, cosa que finalmente ocurrió en 1962, después del paso fugas por el equipo de Parque Patricios.

En el clásico rival no tardó en tirar paredes con Ariel Rojas, Paulo Valentim y Alfredo Rojas. Aprovechando estas grandes sociedades, se dio el lujo de consagrarse campeón en 1962, año en el que actuó en 22 partidos y convirtió ocho goles. Mientra tanto, participó en el Mundial de Chile 1962, aunque sin sobresalir en un equipo opaco.

Pero todavía le quedaba mucho por conseguir. Participó en la obtención el bicampeonato con Boca en 1964 y 1965, haciéndose presente en 21 partidos con tres goles el primer torneo y en el siguiente estuvo en 13 partidos, marcando cinco tantos.

Menéndez era tan completo que su estilo resistía cualquier paladar. Jugaba bien los clásicos (cinco goles en River, dos en Boca), y si en Núñez lo celebraron por su calidad, en La Ribera lo idolatrarían por su personalidad ganadora. Allí sería el cabecilla de la guerra de nervios que los jugadores xeneizes librarían contra Amadeo Carrizo en cada superclásico, incluido un puñetazo que le aplicó el arquero cortando la cara del Beto.

Cuando su estrella comenzaba a apagarse jugó un tiempo en Colón de Santa Fe y Defensor Sporting de Uruguay. Volvió a River en el 74 para ser ayudante de campo de Sívori en el Nacional de esa temporada. Veinte años más tarde –un 26 de mayo de 1994- murió en Buenos Aires. Tenía 57 años.


Ruggeri y Batistuta, también

Oscar Ruggeri defensor campeón del mundo con la Selección argentina se dio el lujo de vestir, entre otras, las camisetas de River y Boca. No sólo jugó en los dos clubes más importantes del fútbol argentino sino que se consagró campeón del Metropolitano 1981 con Boca y en River disfrutó de las conquistas del Nacional de la temporada 1985/1986,  de la Copa Libertadores de América  y la Copa Intercontinental en 1986.

Otro gran jugador, en este caso goleador, muy identificado también con el Seleccionado argentino que fue campeón en estos clásicos rivales fue Gabriel Omar Batistuta. El delantero surgido en Newell`s fue campeón del Nacional 1989/1990 con River y luego triunfó en el Clausura 1991 con los xeneizes.

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